Experiencia con mi marca de ropa favorita

Desde siempre tuve una relación extraña con la ropa, nunca me sentí del todo cómoda con las prendas puestas. Durante mi infancia solía heredar la ropa de mi hermana mayor o reutilizaba lo que mis padres podían comprarme cuando cobraban el aguinaldo, por lo que año tras año la ropa me quedaba muy grande, muy chica o muy desgastada y vieja.

Cuando empecé a trabajar comencé a replantearme cómo quería vestirme y qué marcas quería consumir ya que siempre sentí algunas que no me representaban o «no entraba» en ellas. Nunca fue fácil salir a comprar ropa y ver que no me quedaba igual que la modelo de instagram, o que incluso no había talle para mi de la prenda que me gustaba. Por supuesto que siempre me culpé a mi misma por no entrar, aunque hoy sabemos todo el trasfondo que hay entre la ley de talles y el estereotipo de «cuerpo hegemónico», pero no me voy a meter en estos temas esta vez.

Fue en el 2020, plena pandemia, cuando conocí a mi marca de ropa favorita y la que hoy terminó decepcionándome por completo, y te quiero contar por qué. Para esa época me dedicaba a realizar consultorías a marcas emprendedoras y enseñarles sobre branding para fortalecer su posicionamiento y reconocimiento de marca. Para ese entonces, era imprescindible vender a través de los valores de marca, ya que el coronavirus nos había encerrado en nuestros hogares y comenzamos a replantearnos sobre nuestros consumos.

Por supuesto que fue justo cuando conocí a mi marca de ropa favorita (que no nombraré), donde me sentí por primera vez completamente representada e incluida. Fue gracias a una publicación de Instagram que entré y pum, ME ENCANTÓ. Me había llamado la atención que las modelos eran distintas y dentro de la tienda online había una forma de presentar a las prendas completamente diferente a las otras marcas: había una descripción densa y detallada de las telas, su textura, los cuidados a dar y las medidas de la modelo para que puedas tomarlo como guía a la hora de elegir talles: y sí, ¡había un montón de talles! Por fin no tenía que comprar el talle más grande y podía guiarme por el cuerpo de una modelo que me representaba.

Poco a poco mi placard se llenó de ropa de esa marca, estaba tan fascinada y feliz de recibir por correo cada jean y que todo me quedara espléndido a pesar de que para ese entonces había sido diagnosticada de hipotiroidimo y había subido de peso: aún existía ropa y talles para mi.

Versatilidad, atemporalidad, calidad e inclusión eran sus valores.

La principal razón por la que elegí esa marca para apropiármela como «mi estilo» y «mi identidad» al poco tiempo desapareció.

Un sábado a la noche fui con mi novio a comprarme un jean al local de Palermo y ya me sentí rara. Después de tanto tiempo… volví a ser el talle más grande, no habían más opciones. El XL ya no me quedaba como antes. Salí ese día pensando que capaz éramos mi cuerpo y yo, pero no me importó, igual estaba feliz porque sabía que esa prenda me iba a durar para toda la vida por su gran calidad.

Llegó el verano del 2024 y de repente noté algo distinto: ya no había talle 48 de jean, aparecieron los «TU» en la tienda online, la marca llegó a modelos conocidas del país que comenzaron a publicitar cada campaña y pum… sentí que me dieron una patada en el traste y quedé afuera.

La marca que había elegido para representarme y llenar mi placard, acababa de excluirme.

Un día vi por Instagram que realizaron un evento en donde invitaron a famosas y modelos de argentina, entre ellas estaba la influencer Onlinemami. Me puse roja de bronca. Che… pero si a mi no me entra la ropa, ¿Por qué está ella ahí? ¿Por qué la invitaron? ¿Con qué cara?

Me enojé y les escribí por mensaje privado. La Community Manager me respondió y admitió que la curva de talles había cambiado, que se había «reducido».

«No puede ser que me compré una pollera de jean del mismo talle del pantalón que me compré el año pasado y sí me entra pero esta pollera no, y me decís que tiene la misma sisa y costura… pero claramente no es un talle XL como dice, es un M o L, algo cambió», le dije, obvio con toda la buena onda porque en el fondo quería sentir que mi comentario iba a lograr que mi marca favorita vuelva a ser la de antes… pero no.

Por supuesto que la CM de la marca me pidió disculpas y me dio la razón, pero aún así siempre que volví a entrar a la tienda online, ya no había ropa para mi. Puede ser por decisiones presupuestarias que redujeron la curva de talles, o tal vez para entrar a un nuevo mercado… o simplemente para competir con las primeras marcas, no lo sé. Lo que sí sé es que todavía tengo esa pollera de jean que me aprieta y ahora solo veo influencers y famosas usando esa ropa que tanto me gusta y siento que me representa… pero ya no me entra.