Cuando lideras un equipo: ¿Verticalidad u horizontalidad?

El liderazgo de equipos se basa, principalmente, en la confianza y en la comunicación. Sin esto no podría suceder. Por supuesto que podríamos hablar de la resiliencia -de lo que tanto se enseña en los cursos de coaching-, pero quiero destacar que principalmente en un liderazgo hay un rol de transmisión y recepción de aprendizajes, donde una no sólo acompaña en el crecimiento de los perfiles de su equipo, sino que aprende y crece a la par con ellxs. Y esto se debe a cuando una es el tipo de líder «no vertical», algo que aprendí a desarrollar en los ámbitos laborales donde trabajé. 

Cuando tuve 24 años alguien confió por primera vez en mi para llevar el desafío de supervisar y liderar un equipo multidisciplinario de comunicación, pero nunca me sentí «la jefa», sino la responsable de lograr que el equipo se potencie para llevar a cabo el trabajo de la mejor manera posible, según los recursos disponibles y las habilidades de cada unx.

En el 2021 tuve la oportunidad de decidir qué tipo de equipo quería liderar y se me dio el espacio para ello, por supuesto que mi interés se basó en incorporar a jóvenes profesionales y estudiantes con poca experiencia para que pudieran obtener el crecimiento que estaban buscando y tal vez el mercado laboral para aquel momento no se los estaba dando. Me di cuenta de que estaba dispuesta no sólo a ser su líder, sino también su compañera que le compartiría todos sus conocimientos para que puedan pasar de ser junior a semi-seniors. Sobre todo en la formación de comunicación, donde una sale de la carrera un poco perdida, hasta que consigue su primer trabajo y toma vuelo.

Durante el profesorado de comunicación -en el que me encuentro estudiando actualmente-, entendí lo importante que es transmitir expectativas altas con lxs estudiantes, y me di cuenta de que esto es algo similar en la posición de liderazgo de un equipo, porque un profesor también es un líder dentro del aula.

Y sí, creo que durante estos años deposité confianza y expectativas altas en mi equipo. Siempre aposté por dinámicas ágiles y autonomías, para evitar el micro management que muchas veces puede volverse tedioso.

Sin embargo, noté que las dinámicas ágiles y el acceso de autonomía no es posible para todxs, o por lo menos, no en tiempos a corto plazo. Cuando existe un equipo estructurado y sólido, pueden presentarse luchas de egos -competencias, quién es mejor en qué, incluso quién es mejor que la líder, o el recelo de «esto l hago yo»-. Y ahí es cuando comienza la dureza: no siempre una puede ser demasiado flexible, o por lo menos, hay ciertas personas que necesitan una verticalidad para entender qué trabajo deben hacer.

Siempre me manejé -y me manejo- de manera horizontal, esos son mis valores al trabajar. Creo que todxs tenemos habilidades e ideas para aportar, que las decisiones también se pueden tomar en conjunto. La clave está siempre en la confianza y en la comunicación asertiva con el otrx. No se puede liderar un equipo autónomo, con criterio propio y en constante crecimiento siendo solo una «jefa». Un líder también inculca valores, inspira, motiva y contribuye. Y eso es lo que más valoro cuando me toca desempeñarme como líder.

Ser líder es buscar el equilibrio entre la verticalidad y la horizontalidad entre cada trabajo, cada revisión y devolución, donde una sigue el mismo camino que el equipo pero lleva la bandera de los valores, la inspiración y motivación. Y esto también funciona cuando existe el respeto mutuo, la confianza y la buena comunicación.

«¿Esto está bien?»

Creo que el rol del líder se asemeja muchísimo con el rol de un docente, porque cuando ves en un mail el gran trabajo que logró tu equipo, terminás respondiendo igual que un profesor.